| LadyAnorts's profileLady Anorts: Desde un lu...PhotosBlogLists | Help |
|
April 28 Aceptamos y avanzamosTener la certeza de ser capaz de superar algo...
¿Es síntoma de que ya lo estás superando?
March 03 Caminando entre mis sueños. Hace poco decidí suicidarme. Sé que generalmente, cuando alguien dice abiertamente que va a suicidarse, lo hace porque busca llamar la atención o porque interiormente desea que alguien le pare. Pero yo no lo digo por eso. Así que no hace falta que me escribas para decir que no lo haga, porque la vida es preciosa y bla, bla, bla.. Si manifiesto mi intención de suicidarme es para que comprendas la trascendencia de mi sueño. Hace poco decidí suicidarme. Soy enfermera, así que no me costó mucho decidirme por un método seguro y sin sufrimiento (digamos SI a las pastillas) y aún menos conseguir el material. He llegado a escribir una carta de despedida, a pensar que hacer con mis pertenencias e incluso, llevo frases en el movil como "ya falta menos para ser feliz". Pero... Tuve un sueño. En mi sueño hay una bañera. La cortina está echada, pero puedo ver una esponja flotando en el agua. Cuando abro la cortina, estoy acostada en mi cama y la chica que habia dentro de la bañera está acostada conmigo. Yo la abrazo y le pregunto: "¿Por qué no escogiste las pastillas?". Pero el cadaver va resbalando poco a poco hacia el suelo. Al principio intento que no se caiga, pero me cuesta mucho moverme, y cuando finalmente cae al suelo, dejando mi cama libre, me siento aliviada. En ese momento, me doy cuenta de que el cadaver soy yo, pero eso no importa, porque mi yo cadaver se ha levantado y esta intentando estrangular a mi yo del sueño. Y me despierto gritando.. Tengo miedo. February 07 Luchando contra la muerteEs triste. Pero cierto como la vida misma. Soy enfermera y trabajo en una clinica muy pobre. Tan pobre que a veces no tenemos todo el material que necesitamos. Ni siquiera para salvar la vida de alguien.
Lleva varios dias ingresada, y a pesar de que no es “toda una vida”, con ella he pasado momentos buenos y malos, mejores y peores, y algunas discusiones por culpa de su carácter. Ya es muy anciana, pero es de estas personas que han sido fuertes y dominantes, severas, inaplacables, y que sin embargo tienen un corazón taaaan grande que no cabría en un planeta como Júpiter. Generalmente, cuando voy a verla levanta su vaso y me pide que le ponga “agua fresquita”. Me sorprende la manera en que bebe, como si llevase años en el desierto y acabase de llegar a un oasis lleno de agua.
Al verla me detengo en la puerta esperando a que levante el vaso, pero hoy parece que no se encuentra nada bien. Al entrar en la habitación noto como un olor acre, a vómito de horas. Me acerco alarmada y al darle la vuelta me doy cuenta de que la situación es critica. La piel está fria y tiene cianosis en varias zonas. La mujer abre la boca intentando captar oxigeno, pero éste apenas llega a sus pulmones. El corazón va demasiado deprisa. Tanto que no aguantará a ese ritmo más de 3 o 4 minutos.. Salgo corriendo hacia la puerta, no sin antes girarme y decirle "aguanta un poco, vuelvo enseguida". "Doctor, de verdad, NECESITO que venga"
Cuelgo el teléfono con las mejillas ardiendo de rabia y me dirijo corriendo a la enfermería. Pero para variar, el material que podría salvarle la vida a la mujer que tanto aprecio, no está. De echo, hace semanas que no hay...
Soy enfermera, pero también soy persona. Así que me siento junto a ella en la cama, la incorporo, la abrazo fuerte y le acaricio el pelo y la frente mientras muere entre mis brazos. Noto como deja de respirar poco a poco, como pierde fuerzas mientras su vida se desvanece, y como su cuerpo se enfria de repente. Tomo su mano e intento localizar pulso. Pero es inútil. La persona que tengo entre mis brazos ya no está conmigo.
Despacio, con mucho cuidado, la coloco sobre la cama y acaricio su mejilla en un último adiós. Pulso el timbre y les pido a las auxiliares que vengan a preparar el cuerpo. Y salgo de la habitación, destrozada, sola, en otro dia horrible en la clínica, con la triste serenidad que me embarga cada vez que tengo que descolgar el teléfono, marcar el número y decir: “Me llamo Joana y soy la enfermera que cuida de su madre. Tengo muy malas noticias…”
May 20 Un momento para pensarA veces me pregunto si no me estaré equivocando. Si no estoy enfocando mal mi vida. Si no la estoy jodiendo de la manera más jodida en que se puede joder una cosa.
Mierda. Me siento como un pez en una jaula. February 24 Adiós a TodosNo sé como empezar esto.
Me retiro. Necesito un descanso. Lady Anorts forma parte de mí, pero estoy cansada de siempre lo mismo.
Las mismas guarradas, las mismas proposiciones, las mismas conversaciones...
Necesito un descansito. Porque quiero dedicar mi tiempo al "príncipe azu" que he encontrado.
Supongo que si sale mal volveré por aqui. Porque ella y yo somos una.
Una es una xica normal y corriente, que estudia, que trabaja,que es cariñosa, que tiene preocupaciones, que se muere por pasar tiempo con sus amigos, ir al cine, conocer más a ESE xico...
Y la otra es una mujer sin complejos, que vive el sexo de una forma abierta y liberal y que no le importa nada escribir experiencias propias o mostrarse al mundo.
La verdad es que en este momento de mi vida prefiero ser xica y por eso abandono.
Puede que vuelva a escribir dentro de un tiempo... quién sabe. Tampoco es que haya tenido una larga carrera, o una trayectoria brillante, pero si he conocido a muchas personas y me sentiría mal marchándome sin despedirme.
Así que Adiós... Puede que volvamos a encontrarnos.
Y para entonces, espero ser una persona mejor, y tener una idea clara de a dónde voy.
Muchas gracias a todos. February 23 Raul. 1ª parteHacia tiempo que no escribía nada. He tenido experiencias para contar, he estado hablando con gente y he aprendido muchísimo. Cada día vivo el sexo de una forma más abierta y liberal. Creo que está bien, ¿no? Todos deberíamos hacer lo mismo... bueno, esto no es un discurso de sexología. A lo que vamos. Ha habido gente que me ha preguntado por mi primera vez. Prefiero guardármelo. Los dos éramos vírgenes y estábamos nerviosos. No salió bien. Pero creo que es lo mejor que podría haberme pasado, a pesar de que el chico en cuestión me dejase casi casi esa misma noche. Así que... no hablaré de mi primera vez. Pero sí de una de las primeras... la cuarta. Y la que me hizo perder la cuenta. No sé exactamente cuando conocí a Raúl. Ni por qué. Realmente, no importa. Pero aún guardo su foto en mi ordenador. Sale en un sofá... "jugando consigo mismo". Supongo que aún era demasiado niña y que me creó una fuerte impresión. Hablábamos de sexo, medio en broma, de las cosas que íbamos a hacer cuando viniese a mi ciudad, puesto que venía de vez en cuando, y de fantasías y otras cosas. Era divertido. Me estaba abriendo un mundo nuevo. El tenía 25 o 26. Yo apenas tenía 18. Un buen día me dijo que venía para Valencia y que si podía buscarle algo, y yo, confiando en la amistad o en algo más, le ofrecí el pisito que tengo junto a la playa, aunque por aquel entonces, yo todavía vivía en casa con mi familia. Lo que no había pensado es que no había sido realmente sincera con él (¿para qué se inventó el Messenger si no?). Le había dicho que tenía 24 años y que trabajaba y era más o menos independiente. Bueno... el aspecto físico si que podría llegar a "colar", pero si hablábamos cara a cara más de 5 minutos se daría cuenta de que era una niña. Por el Messenger me daba tiempo a pensar las respuestas. Por la calle gritaba "Tia, tia, tia que fueeerte" cuando veía a alguna amiga. Así que, sólo tenía que esperar a que saliese mal. El día que quedamos... No sé en qué estaba pensando. Me lo depilé TODO, me puse un conjunto de ropa interior negra (tanga, por supuesto), unos vaqueros, una camiseta ajustada blanca y me fui a por el. Lo llevé hasta el piso, y nos sentamos a hablar de cosas normales. De "mi trabajo", del suyo... de la gente con la que nos relacionábamos... La verdad es que estaba decepcionada. Habíamos hablado tanto de sexo y ahora no pasaba nada de nada. Le miraba a los ojos mientras hablaba y pensaba que se habría dado cuenta, o que vista en persona no le parecía tan atractiva o vete tú a saber. Al final renuncié a todo, y me limité a seguir hablando. Pasadas un par de horas vi que se me hacía tarde y le dije que le enseñaba el piso y me iba. Así que nos levantamos y empecé a explicarle cómo iba la cocina, cuáles eran las mejores habitaciones para dormir, donde estaba el baño, el balcón... Al final llegamos a la habitación de matrimonio. Le expliqué dónde estaban las sábanas y las mantas por si tenía frío y me quedé mirando la cama. Me apetecía muchísimo, pero se puso a hablar otra vez. ¿De qué? Ni idea. Yo me dedicaba a mirar la cama de reojo y a pensar en lo mucho que me fastidiaría haber sufrido la depilación para no poder lucirla. Como seguía hablando, le miré a los ojos, sonreí, y educadamente le dije que tenía que irme. Y el musitó algo parecido a... -¿Por qué no te quedas? Podemos salir a cenar, o de bailoteo o algo... Estaba muy sorprendida. La verdad es que parecía una invitación sin compromiso, pero sonaba realmente bien. Raúl es atractivo, tiene buen tipo, es agradable y divertido, supongo que podría aceptar... pero mientras pensaba esto mi cerebro se me adelantó. Ni siquiera pensé lo que había dicho hasta que lo oí resonando en las paredes de la habitación. -¿Follamos? Se me heló la sangre. Me golpeaba el corazón en el pecho. Debería estar roja de vergüenza, pero en lugar de eso estaba toda blanca por la forma y naturalidad con que lo había dicho. Raúl me miró con cara de circunstancias. Algo así como la cara que pones al reconocer que la otra persona tiene razón. Después de un silencio que se me hizo eterno, respondió. -Humm... sí, es otra opción. Y nos lanzamos a besarnos y a sobarnos como dos posesos. Nunca había visto nada igual, aunque tampoco había visto mucho. Era la cuarta vez que lo hacía pero me gustaba la forma en que me besaba, mientras me agarraba del culo y me apretaba contra él, estrujándonos, de pie, cerca de la puerta... No me lo podía creer. Intenté apartarme. Apenas dos centímetros. Le miré. Se lanzó otra vez. Volví a apartarme, esta vez 4 centímetros. Quería estar segura. Me quedé mirándole otra vez, y él volvió a lanzarse a por mi boca. Esta vez me aparté de verdad. Me eché hacia atrás doblando la espalda de forma antinatural, como en una de esas películas antiguas en las que la chica cae rendida en brazos de su amante. El final fue distinto. Raúl se dobló tanto como yo, me mordió el labio inferior y tiró de él hasta que de nuevo, volvimos a estar de pie. Cómo dolía... pero cómo había conseguido mojarme las braguitas. Y la cosa siguió. Empezamos a quitarnos las camisas, el jerseycito que yo llevaba, mis gafas... su mano, bastante más experta que la mía, fue bajando poco a poco hasta mi entrepierna, mientras yo hacia lo propio con la suya, y mientras él sobaba yo intentaba desabrochar sus pantalones. Al final, él se quitó los pantalones solito, y me ayudó a quitarme los míos. Creo... sí, definitivamente fue aquí cuando descubrí lo mucho que me gustaba ver lo que vi. Es una de las cosas que más me excitan. Después de quitarme los pantalones, Raúl se quedó de pie, justo enfrente de mí y sin dejar de mirarme a los ojos se arrodilló delante de mí, y empezó a chupar mi tanga. Diooooos creía que me moría. Los escalofríos me recorrían la espalda de arriba a abajo y sólo podía acariciar su pelo con la puntita de mis dedos mientras miraba al techo de la habitación, allí de pie, mordiéndome el labio inferior para no gemir. Él se levantó para quitarse los calcetines y entonces fui yo la que me agaché delante suyo. De rodillas. Acaricié su polla por encima del bóxer, froté mi mejilla contra ella, pase mis labios humedecidos con saliva por toda la zona. No sé él… pero yo estaba disfrutando de este momento. Tener a un hombre de pie, a mi merced, y tomarme el tiempo necesario para disfrutar. Pero no tiene que ser eterno. Levanté mis manos hacia la goma y tiré hasta que quedaron en sus talones. Él levantó un pie, y luego el otro y yo los lancé por ahí. Y cuando me di la vuelta, una polla enorme me esperaba en posición firme, bien dura y bien tiesa. Bueno, era mi recompensa. Me lo había ganado, ¿no? Con mucho cuidado bajé la piel que rodea el capullo y me dediqué a acariciar aquel tremendo pene que iba a ser mío. De vez en cuando, miraba a Raúl desde abajo y ponía mi mejor cara de zorrita. Después me dediqué a lamerla, a repasar ese mástil con la punta de mi lengua, a jugar. Y llegó un momento en el que Raúl me levantó y me echó en la cama. Le recuerdo encima de mí acariciando mi cuerpo, besándome el cuello, jugando con mi conejito. Me encantaba. Estaba abierta de piernas esperando y me metió su polla un par de veces, sin preservativo. Pero algo saltó en mi cabeza. No podía tomar la píldora ni utilizaba otro método anticonceptivo y le supliqué que se pusiese el condón. Y una vez puesto, seguimos jugando a besarnos y a acariciarnos, hasta que me pidió que lo montase. Yo dudé. No sabía montar pollas (la verdad es que no sabía de nada) y me preocupaba hacer algo que no fuese apropiado, o hacer el ridículo porque no sabía donde se tenía que meter. Pero, por algún motivo, después de confesarle que era mi 4 vez y que iba a necesitar ayuda, la polla de Raúl entró sola y entera. Para mí era algo nuevo y sentía como si su polla me llegase hasta debajo del ombligo. Además, a cada movimiento que hacía me daba pequeños pinchazos y no podía parar de gemir. Tampoco me ayudaba mucho que Raúl me espolease con azotes en el culo mientras decía "más rápido", "muévete zorrita"... Pero yo no podía. Me moría allí mismo. Llegados a este punto, Raúl tomó la opción caballerosa. Me tumbó en la cama boca arriba, me abrió las piernas y empezó a follarme de una forma salvaje, empujando con todo su cuerpo y toda su alma, hasta que me sacó medio cuerpo de la cama y yo me vi obligada a apoyar las manos en el suelo, con la espalda completamente arqueada, mientras los caracoles de mi pelo se arremolinaban en el suelo debido a lo cerca que estaba del mismo y lo lejos que tenia el cuerpo de la cama. Sólo paró un momento y fue para ponerse de rodillas, agarrarme los muslos por debajo y acercarme hasta él para ponerme de nuevo sobre la cama y seguir follándome. En aquel momento me recordó a una especie de cavernícola, follándome sin parar y sin ningún tipo de consideración y eso hizo que me saliese tanto flujo del coño que con él se hubiese podido llenar una piscina olímpica. Adoro a ese hombre. -¿Dónde quieres que me corra?-Jadeó. -En el pecho - Y sacó la polla de mi conejito, a estas alturas todo un señor conejo abierto, rojo y bien follado, se quitó el preservativo y empezó a pajearse encima de mi pecho. Pero ya entonces había probado el sabor de la leche y no pude evitar doblar el cuello y meterme el capullo en la boca, recogiendo todo el semen en el paladar y tragándomela como una niña buena. Al fin y al cabo, eso es lo que yo era entonces (aunque ya apuntase maneras de auténtico zorrón). En ese momento, me levanté y dije. -Tengo que irme. Se me saltaban las lágrimas de los ojos. Yo sabía que sólo había sido sexo pero aún así... Raúl me perseguía desconcertado por la habitación, mientras yo me vestía a toda prisa. -¿Que te pasa niña? Se sentó a mi lado y yo le dije sin mirarle. -Raúl, no te portes bien conmigo, porque luego te vas y yo me quedo aquí sola. -Pues sí, me voy... Yo vivo en Madrid. No parecía entender lo que quería decir. Me levanté, suspiré. Sonreí. -Volveré mañana. -Hasta luego, dijo, metiéndome un manotazo en el culo. Raul. 2ª parteAl día siguiente volví. (¡Por supuesto! quería más). Se le había acabado la bombona de butano y en el piso no había más, así que mi padre y yo fuimos a llevarle una bombona de butano llena. Llamamos a la puerta y Raúl dijo que bajaba a recogerla. Pero mi padre, que es un hombre enorme y orgulloso, me dijo que de eso nada, que la subíamos nosotros (un hombre de 55 años...un sexto piso...sin ascensor... ¡Con dos cojones!) Cuando mi padre iba por el 4º apareció Raúl vestido con una camiseta negra sin mangas y unos vaqueros ceñidos que aún hoy me llevan a la locura. -Deje que le ayude- dijo Raúl. -De eso nada, paso ¡que voy! Raúl dejó pasar a mi padre y nos quedamos mirándonos. Mi padre seguía subiendo, resoplando y jadeando como una ballena y cuando Raúl se dio la vuelta para seguirle le metí un manotazo y un ligero sobeteo en el culo. Se dio la vuelta asustado y yo saqué la lengua y le miré divertida. Era una situación de lo más curiosa. Mi padre allí, esforzándose por demostrar su orgullo y valía y yo metiéndole mano al tio que me había follado el día anterior. (Mas tarde, sin embargo, descubriría que lo más excitante de aquello era la posibilidad de que nos pillaran, lo que me llevaría a hacerlo en sitios públicos, o en sitios privados mientras hablaba por mi teléfono móvil como si no pasara nada). El caso es que mi padre llegó (vivo) al piso y dejó la botella de butano en la cocina. Nos tomamos un descansito mientras se recuperaba y bebía agua. Fue divertido ver a mi padre hablando con Raúl, y Raúl contestando educada y cortésmente mientras me miraba de reojo. Y yo miraba a mi padre y pensaba: "éste es el cabrón que se corre en la boca de tu hija", y la situación me parecía de lo más divertido. Pero bueno, mi padre dijo que nos teníamos que ir, así que nos despedimos y nos dirigimos a la puerta. Mi padre empezó a bajar las escaleras y justo antes de que Raúl cerrase la puerta le susurré. -Vuelvo en cinco minutos. Levantó la mano para indicarme que me fuese, cerró la puerta y yo bajé trotando las escaleras hasta alcanzar a mi padre. Una vez en la calle, me dijo. -¿Donde vas ahora? -A casa de un amigo. Déjame en la parada del autobús. -De eso nada. Te llevo hasta su casa. Y me llevó hasta casa de mi amigo, que vive a casi media hora de mi piso. Imaginad por un momento la cara de mi amigo cuando abre la puerta, en calzoncillos, de buena mañana y me ve allí, con cara de "SOCORRO". Me dejó entrar y al preguntarme que hacia allí se lo tuve que contar todo. Han pasado varios años y creo que todavía se está riendo. El caso es que mi amigo me llevó en coche hasta el piso, donde Raúl estaba esperando desde hacia una hora o más. De echo, le llamé por teléfono para decirle que iba a tardar más de lo previsto y me comunicó que ya había terminado de ducharse y que si hubiese llegado antes me podría haber metido en la bañera con él, tras lo cual, maldije mi mala suerte, a mi padre por cabezón, y a mi amigo por su manía de ir a treinta por la ciudad. Pero al fin llegué. Subí corriendo los seis pisos, saltando los peldaños de dos en dos, hasta que llegué arriba con la lengua fuera. Me metí en el piso, y vi que Raúl estaba en la cama, a oscuras. Me eché encima de él, abrazándole y recostando mi cabeza en su pecho. Estaba muerta. Raúl me dejó descansar cinco minutos y pasado este tiempo me dio un beso con lengua que hizo que me olvidase de todo lo que había tenido que sufrir para llegar. Y empezamos a jugar. Nos desnudamos poco a poco, besándonos, acariciándonos, y tomándonos el tiempo necesario para excitar al otro y cuando ya estábamos desnudos y muy excitados, empezamos con el sexo oral. -Ven, que vamos a hacer un sesenta y nueve- dijo. -No. No me gusta el sesenta y nueve. Prefiero hacerlo por turnos. -Bueno, pues deja que te coma el coño -No- dije yo riendo- Soy una zorrita mala y no quiero. Y enseguida empezó un forcejeo, él intentando abrirme las piernas y yo tratando de cerrarlas y de mantener mi chochete alejado de su boca y de su lengua, hasta que al final, y sin saber muy bien cómo, me di cuenta de que Raúl había conseguido meter la cabeza entre mis piernas. -¿Te han dicho muchas veces que no, verdad?- bromeé. Y acto seguido abrí las piernas para que hiciese lo que quisiera y empezó a comerse mi coño despacito, lamiendo los labios primero y separándolos para acceder al clítoris después, sorbiendo todo lo que mi cuerpo le ofrecía, y llevándome al cielo varias veces. Pero después, giró sobre sí mismo, se puso encima de mí y siguió comiendo como si nada. Al principio no sabía qué hacer. Se había montado un sesenta y nueve sin mi consentimiento y además, yo no podía acceder a su polla porque estaba metida entre mis tetas. Tampoco son unas grandes tetas, así que descarté la idea de una cubana en aquella postura y no me quedó mas remedio que abrir sus nalgas y echar un vistazo. Limpio, seco, depilado... rosa. No pude evitar la tentación. Saqué la puntita de mi lengua y empecé a lamer las nalgas. Y luego olvidé todo lo que había estudiado en educación sexual y empecé a lamer su ojete. Sentí que se moría, porque durante un segundo dejó de hacer lo que estaba haciendo y suspiró. (Años después entendería el placer que puede llegar a proporcionar un beso o un lengüetazo en esta zona). Raúl giró la cabeza y me miró. "¿Sabes cómo se llama a esto? Beso negro". Y seguimos cada uno jugando a nuestro juego, hasta que se cansó, me puso a cuatro patas y empezó a penetrarme desde atrás. Al igual que el día anterior, mi cerebro actuó por libre y sin mi consentimiento, y me oí gritando una de mis fantasías sexuales más ocultas. -Viólame -¿Quieres que te viole? -preguntó- Dame tu culo. ¿Por qué lo hice? No lo sé. Sólo sé que segundos más tarde estaba agarrada al cabezal de la cama, notando cómo humedecían mi culo; preparándolo para ser desvirgado. Y cómo duele. Al principio no eres muy consciente de lo que ocurre. No lo ves. Por otra parte, que coño iba a saber, nadie me había hablado de esto. Y después, cuando te meten la cabeza de la polla sientes como se abre tu culo a medida que empujan, y duele un poquito. Cuando ya no podía más le pedía a Raúl que parase y cuando me veía lista le decía "vale", o "ahora" y el empujaba otro poco, hasta que finalmente me metió toda la polla, desvirgando lo único que no tenia abierto a esas alturas de mi vida sexual. Empezó a moverse. Poco a poco al principio, mientras yo suspiraba, intentando acostumbrarme a esa nueva sensación. Y después más deprisa, y más deprisa... Ya no importaba el dolor... porque ya no lo sentía. Se había ido y había dejado paso al placer, porque la verdad es que gustar, gusta. Y más aún cuando sientes que meten una mano por debajo y empiezan a hurgar en tu coño y en tu clítoris, con lo cual te sientes llena en todos los sentidos. Raúl acabó corriéndose y llenándome el culo de leche que se escurría por mis muslos. Y yo caí rendida sobre la cama. Me apetecía dormir. Pero a Raúl le apetecía un bañito y me arrastró hasta la bañera. Nos metimos los dos, llenamos la bañera de agua y nos quedamos allí hablando largo y tendido de sexo y de experiencias previas. Raul. 3ª parteCuando acabamos de bañarnos habíamos estado demasiado tiempo en el agua, y fuera hacía mucho frío. Tanto, que yo corrí en pelotas hasta la cama y me metí dentro, enrollándome con las sábanas. Raúl apareció poco después, con los calzoncillos puestos. "Me has quitado la idea”, dijo y se metió conmigo en la cama. Apagamos las luces y nos pusimos a dormir, cuando yo lo que quería era descansar. Porque hay una cosa que los hombres no entienden. Después de una sesión de sexo, a ellos les apetece dormir. Y las mujeres lo que necesitamos, porque realmente LO NECESITAMOS es que nos abracen y nos mimen. Raúl no había ido ese día a clase y se metió en la cama dándome la espalda. Pero yo no pensaba darme por vencida. Así que le abracé y pegué mis manos a su cuerpo. Pero sorprendentemente, Raúl apartó las manos. Puso voz de niñita malcriada y dijo. -Los pezones no. Los pezones son míos. -Tócate los huevos -pensé- ¿Tu puedes abrirme el culo y llenármelo de leche y yo no puedo tocarte los pezones? -Vale- le dije- Si no me dejas tus pezones tendré que buscarme otra cosa para jugar... Y deslicé mis manos hacia su calzoncillo. Tenía que estirarme mucho, porque él estaba de espaldas, pero me sorprendió bastante llegar a su polla y descubrir que estaba medio empinada. Metí las manos por encima del bóxer y empecé a masturbarle. Era muy divertido. Sentir cómo acaba de crecer entre mis manos, cómo se calienta, cómo va palpitando la sangre a medida que se levanta, y cómo se humedece y se le empiezan a marcar las venitas. Ahora entiendo por qué los hombres lo hacen tan a menudo. El caso es que después de unos minutos, Raúl se removió inquieto, dio la vuelta y se puso encima de mí, besándome y acariciándome de nuevo, excitándome, metiendo los dedos en mi cuerpo para luego metérmela estrujándose contra mi. Mi cerebro volvió a adelantarse para susurrar. -Si supieses... -¿Qué? -preguntó Raúl -Si supieses la edad que tengo no estarías haciendo esto. -¿Cuántos años tienes?- preguntó. -No llego ni a veinte- gemí. -¿Cuántos años? -18....- estaba muy avergonzada, y empezaba a sollozar- Lo siento, no te enfades... soy una niña. Lo que respondió me dejó en blanco. Hizo que todo resquicio de inocencia desapareciese, si es que quedaba algo, y me convirtió en lo que soy a día de hoy. -Eres una niñita muy puta... Eres tan zorra que pones hasta el piso. Dijo esto sin dejar de follarme, empujando su polla dentro de mí hasta que me la sacó porque quería metérmela por el culo otra vez. Pero ahora, dijo, tú encima. No estaba muy segura de cómo se hacia. Apoyé las manos en sus rodillas y aproveché para moverme haciendo fuerza sobre ellas mientras él miraba tendido en la cama. Y cada vez me movía más rápido. De vez en cuando, él estiraba el brazo y buscaba mi clítoris con el dedo índice de su mano, hasta que oí como Raúl decía: -¿Sabes lo que sale de tu culo ahora? Mi lechita... Me quedé parada, me di la vuelta y le miré por encima del hombro, sorprendida. El se incorporó, con lo cual yo caí de bruces sobre la cama, y cuando me di la vuelta Raúl ya llevaba puesto su preservativo, y estaba acercándose a mi. Se echó encima y me la metió toda de un golpe. Después empezó a moverse deprisa, como un salvaje, igual que el primer día, mientras yo le gemía al oído guarradas como "fóllame" o "soy tu putita". Cada vez iba más deprisa y ya me dolía el coño de tanto follar (por no hablar del culo, que todavía a día de hoy lo tengo abierto) pero Raúl no se rendía... No sólo iba más rápido, sino que además me penetraba cada vez más hondo, haciéndome gemir como una zorrita... como su zorrita valenciana, como él dice. Mis tetitas botaban con cada pollazo, sus cojones se estrujaban contra mi rajita y mis labios empapados no hacían más que invitarle a meterlos también. Sentí un escalofrío recorriéndome de abajo a arriba. El pecho estaba a punto de estallarme. Los dedos de los pies se habían expandido y me oía a mí misma jadeando en voz alta, como en un sueño. Casi no podía ahogar los gritos que se agolpaban en mi garganta. Me corría. Y Raúl también. Las embestidas se hicieron más profundas y más lentas, mientras arqueaba su espalda agarrándome muy fuerte, con los ojos cerrados mientras gemía imperceptiblemente... Se echó a mi lado y creo que me quedé dormida. Después de un rato, me desperté y empezamos a hablar de mi familia y de mi universidad, y de que nos teníamos que despedir. Pero tampoco pudimos hablar mucho. Se me hacía tarde. Tenía que volver a casa. Y Raúl se estaba quedando dormido. Así que me levanté, cogí sesenta euros de su cartera (por el alquiler del piso, no por el servicio), y me marché. Después de esto, le volví a ver. Y volvimos a quedar. Hay muchas historias que contar. Pero todo a su debido tiempo. Besos para todos: Lady Anorts Dani siempre está ahíQuerido Jaime: Aún siento cosquilleos en la vagina cuando recuerdo lo que pasó el otro día... con Dani. Te echo de menos y te necesito como el aire que respiro o como el sol que me ilumina, pero no estás. Nunca estás. Y Dani si... Sé que me entrego a él de una forma irracional, pero qué quieres que haga. Cuando estoy con él cierro los ojos y estoy contigo. Creo que vale la pena, y además yo... Yo... ¿Por qué no empezamos desde el principio? Esa noche había quedado con mi amiga Sara, pero me dejó plantada. Y allí estoy yo, sola, de noche, en medio de ninguna parte y relativamente cerca de casa de Dani. Sabes que él y yo nos llevamos bien, y que se comporta conmigo a pesar de que hemos terminado. Así que pensé que quizá podría llevarme a casa. Cuando abrió la puerta y me vio allí se sorprendió, pero antes de que dijese nada le espeté. -Me he quedado tirada. ¿Puedes llevarme a casa?Esbozó media sonrisa y me dijo -Claro, espera a que me cambie de ropa. Pasé al salón y me dejé caer sobre el sofá, junto al mando. Dani había estado viendo el fútbol, pero yo lo odio, y empecé a hacer "zapping"... Fútbol, fútbol, más fútbol...una porno y...más fútbol. Opté por la porno. Ya sabes como odio el fútbol. Estaba encantada viendo aquella orgía de sexo y fiesta cuando Dani apareció detrás de mi. -¿Qué haces? ¡¡Menudo susto!! el mando salió disparado y me llevé las manos a la boca para ahogar el grito. Dani empezó a reírse y dijo: -Pero que guarrilla -Se sentó a mi lado a ver la peli conmigo y preguntó- ¿Qué tal está? -Bueeeeeeno...las he visto mejores- contesté. Nos quedamos en silencio mirando la pantalla, con todas aquellas imágenes de sexo explícito, mujeres jadeantes y hombres a punto de correrse sobre ellas... De repente Dani alargó la mano y empezó a acariciarme. Estaba muy cachonda por culpa de aquellas imágenes e inconscientemente separé un poco las piernas, dándole permiso para que hiciese lo que quisiera. Las acariciaba, las recorría de arriba a abajo y yo las abría y las cerraba un poquito para jugar con él. Pero pronto se dio cuenta del juego y al enterarse tomó mi mano y la llevó a su paquete. Lo tenía hinchado, y por encima de esos vaqueros tan ceñidos podía notar su tamaño, y cómo iba en aumento. Joder Jaime. Aquello me puso a mil...Cerré los ojos y eché la cabeza hacia atrás, ofreciéndole mi cuello. Pero él se levantó, me miró y dijo. -Nos vamos. - ¿A dónde? ¿A casa?-pregunté. -No. Nos vamos a la cama. Y dicho esto tiró de mi y me levantó del sofá. De camino a la habitación se puso detrás de mí, agarrándome de las caderas y acercándome a su paquete. Lo sentía duro y estaba justo en mi culito, y no pude evitar echar mano hacia atrás y palpar. Mmmmmm, que bueno...y es todo para mi, pensé. Dani empezó a empujar para que siguiese andando, y vi que ya estábamos justo delante de la puerta. Esto debió excitarle mucho, porque empezó a sobar mis tetas por encima del jersey y a besarme el cuello mientras yo seguía andando, y así entramos en la habitación. Encendió una de las lamparitas de la mesilla de noche y se dio la vuelta. Yo le miraba, sonrojada como siempre, y él no paraba de sonreír. Se acercó a mí y me quitó las gafas suavemente, para después acariciar mi mejilla y fundirnos en un beso con lengua, salvaje, mordiéndonos los labios y peleando por ver cual de los dos llegaba más hondo en la boca del otro. Aparté la cara medio riéndome. -No sé que hacer, le dije. Estaba aturdida, me sentía como si fuese virgen otra vez, y me asaltaban las dudas. Pero él si sabía lo que había que hacer. Me quitó el jersey y yo me quedé con la camiseta de tirantes y con el sujetador, y él empezó a besarme, a acariciar mi espalda con su mano, bajando hasta mi culo y agarrándolo fuertemente. Sus manos subieron hasta el sujetador y lo desabrocharon y acto seguido se separó de mí para intentar quitarme la camiseta, pero yo no estaba dispuesta. -No...-susurré, y aparté sus manos de mi cuerpo, desviando la mirada. Dani se lo tomó con calma. -¿Te vas a portar bien?Me quedé en silencio, mirándole, y volvió a intentarlo. Esta vez no hice nada y Dani me quitó también el sujetador, creo que por si acaso luego cambiaba de opinión. Mis tetas quedaron enfrente de su pecho, y él sonrió, me agarró de los hombros y me lanzó sobre la cama. -Vas a ser mía, dijo. Fue entonces cuando se echó encima de mí y empezó a besar mis tetas, a acariciarlas, a morder dulcemente los pezones y tirar de ellos, para después soltarlos y darles un par de lametones, como si fuese un perrito. Estaba empezando a ponerme excesivamente cachonda y aún más cuando bajó una de sus manos hasta mi muslo y empezó a acariciarlo, subiendo despacito hasta mi entrepierna y frotándola con toda su mano. En ese momento decidí que me tocaba a mí. Le di la vuelta y me puse encima de él, besándole la boca y quitándole la camisa, para después sentarme sobre su paquete y gritar. "Arre caballito"Empecé a montarme a Dani a través de su ropa, y de vez en cuando él cerraba los ojos y suspiraba fuertemente, mientras yo sentía como entre mis piernas su polla iba creciendo más y más hasta casi reventar ese pantalón vaquero ceñido que tanto me gusta. Pero bueno Jaime, ya sabes cómo es. Nunca me deja divertirme, y cuando se cansó del juego me tumbó en la cama, se puso de pie y me arrancó los pantalones. Se dio la vuelta para tirarlos por ahí y cuando se giró para mirarme se encontró con un regalito. -Sorpresa- le dije- llevo un tanga que se desata. Me miró con cara de vicioso y se acercó a mí, con la boca entreabierta. Mordió suavemente el cordelito y tiró de él, y al instante se desató dejando libre y a la vista mi coñito siempre depilado. Dani sonrió y antes de que me diese cuenta ya lo tenía entre mis piernas, lamiendo mis muslos y acercándose peligrosamente a mi coño. Acabó de quitarme el tanga y se quedó parado. Levantó la vista; sorprendido. -¿Te has corrido?Aquello SI que fue una sorpresa. Vale, estaba muy excitada y muy cachonda, pero no me había dado tiempo a correrme. Además, es evidente cuando me corro porque me entero yo, se entera mi pareja y se entera toda la finca. Admitámoslo, disfruto del orgasmo como de una buena taza de chocolate. -No...sabes que grito pidiendo compasión cuando me corro, respondí avergonzada. Puso cara de "vale qué le vamos a hacer", y siguió con lo que estaba. Separó mis piernas suavemente y comenzó de nuevo a jugar con mis muslos, lamiéndolos, pellizcándolos suavemente, haciendo dibujitos con su lengua, y subiendo poco a poco hasta la piel que forma mi chochete. Puso los labios sobre mi rajita y la frotó con ellos. Ya te puedes imaginar cómo estaba en este momento. Mojada, abierta de piernas y a punto de pedirle a gritos que me follara salvajemente, pero Dani se lo toma todo con calma. Me miró a los ojos y sacó la puntita de la lengua y sin dejar de mirarme la metió entre los pliegues de mi piel. Mmmmmm, casi me corro allí mismo. Después empezó a mover su lengua de arriba a abajo, por toda mi raja, mientras yo me apretaba las tetas como una descosida, intentando evitar lo que se me venía encima. Fue entonces cuando decidió darme más. Separó los labios con los dedos y buscó mi clítoris con la lengua, pero cuando lo encontró, levanté la pelvis y jadeé. -Du...Duele. -Shhhhh...Tranquila. Aquellas palabras me tranquilizaron y le dejé hacer. Sí, al principio duele un poquito, pero con cada lametón, con cada pasada de su lengua, cada mordisquito, cada vez que lo rodea con sus labios, con cada beso, el dolor desaparece y se convierte en placer. Placer duro y extremo, pues antes de dos minutos ya tenía la pelvis en alto, los ojos cerrados, la mano estrujando la sábana y mi voz suplicando que parase, con la emoción del primer orgasmo. Jeje... ¿Te gusta Jaime? Ya sabes lo que pasa cuando tengo un orgasmo. Antes de que me hubiese recuperado ya le había quitado el cinturón y estaba arrodillada delante de Dani, intentando quitarle las botas militares para devolverle el placer que me acababa de dar. Pero las botas militares no salen fácilmente, y Dani tuvo que sentarse para ayudarme. Se quitó una bota, y después la otra, mientras yo esperaba impaciente. Cuando trató de quitarse los calcetines le detuve. -Los calcetines son míos. Y con toda la calma del mundo le quité los calcetines, para después, tomar un pie con mis manos y llevarme el dedo grueso a la boca, dispuesta a hacerle una presentación de lo que pensaba hacer después con su polla. -No. Dijo él. -¿No? pregunté, mientras volvía a llevarme el dedo a la boca. -No -Afirmó él, esta vez muy serio- No me gusta, no puedo soportarlo. -Bueno-dije yo. Al fin y al cabo, hubiese tenido que hacerle caso, después de lo que acababa de hacer por mí. Así que me levanté y me acerqué a su paquete, bajando suavemente la cremallera y observando aquel espectáculo. Si hay algo que me gusta y que me excita sobremanera es, sin duda, este momento. El momento de ver una polla enorme intentando salir de ese bóxer tan ceñido que la aprisiona. -Hola... dije apuntando a su paquete, y acto seguido froté mi mejilla contra él. Mmmmmm podría quedarme horas haciendo eso. Pero Dani no. Se levantó, se acabó de quitar los pantalones y me dijo. -Siéntate en la cama. Lo hice y se puso delante de mí. Le miré desde abajo y al ver que sonreía me animé. Acerqué mis manitas hacia la goma y tiré de ella, asomando la cabeza y observando el panorama desde arriba como una niña curiosa. Ahora la que sonreía era yo y lo hacía como una perra viciosa a punta de caramelo. Mmmmmm, dios, todavía me estremezco cuando lo recuerdo. Podía ver la cabecita de su verga mirándome, casi sonriéndome, esperando para salir a jugar, y no la iba a hacer esperar. Bajé sus calzoncillos y el acabó de quitárselos para dejarme hacer mi trabajo. -Primero, se humedecen los labios-dije yo, mirándole para que pudiese ver como me relamía- Después me toma con cuidado y... Y el resto te lo puedes imaginar. Con una mano le agarraba la polla y con la punta de mi lengua lamía todo el capullo, y después buscaba su agujero y apretaba mi lengua contra él, dándole golpecitos suaves. Después dejé que mi mano empezara el trabajo, arriba y abajo, mientras yo acompañaba con mi boca, apretando, succionando, peleando contra ese pedazo de polla para meterme toda esa carne hasta la garganta. -Ah... -gimió Dani- Venga, ahora métetela hasta el fondo. Miré aquella verga un poco asustada, era evidente que no me cabía toda en la boca, pero aún así, me metí la puntita en la boca, agarré las nalgas de Dani y las atraje hacia mí, de forma que el trabajo se hizo solo. Incluso yo me sorprendí. Entro casi toda…19cm. Pero no duré ni dos segundos. Era demasiado, y yo todavía no tenía suficiente experiencia. A Dani no pareció importarle demasiado. Se apartó, me tumbó sobre la cama y me dijo: -Ahora quiero que la sientas. Y empezó a metérmela poco a poco, a empujoncitos. El problema era que yo llevaba mucho tiempo sin follar, y me sentía como si fuese mi primera vez. A cada empujón que le daba yo gemía y arqueaba todo el cuerpo, lo que hacía que a él le costase más y tuviese que dar más empujones para metérmela toda. Cuando me relajé y consiguió metérmela hasta los huevos, como a él le gusta, se quedó quieto para que los dos pudiésemos sentirlo. Me gusta esa sensación, es agradable sentirse llena, en todos los sentidos. Pasados unos segundos se retiró y se puso de rodillas a mi lado. Después se tumbó con la cabeza entre mis piernas y empezó otra fantástica sesión come-coños. Fue en ese momento cuando al darme la vuelta vi la polla de Dani justo en mi cara. Jeje... Si quería un 69 sólo tenía que haberlo pedido. Agarré su aparato con una mano, pajeándole, y con la otra acariciaba sus huevos, despacito, suave, haciéndolos girar en la palma de mi mano, y después empecé a buscar el agujero de su polla. Me encanta ver como se excitan cuando lo chupo y le doy lametones y lo aprieto con mi lengua. -Basta- dijo Dani- Si sigues así me voy a correr… Pero yo no estaba dispuesta a parar, ni aunque él parase. Me encantaba lo que estaba haciendo, me lo paso bien dándole a Dani lo que necesita, sintiendo como jadea y como se estremece, mientras yo succiono todo lo que su verga esté dispuesta a darme. Quizá por eso no noté que se había cabreado. Lo primero que percibí fue el sonido, limpio y seco. Después vino el dolor punzante, y por último la sensación de quemazón. Sí, Dani me había pegado una palmada en el culo, y el muy cabrón se había quedado a gusto. -He dicho que basta... Además, la primera corrida va a ser para tu cara y para tus tetas. Dicho esto se puso de cuclillas sobre mi pecho y empezó a pajearse frenéticamente, mientras yo le decía que era su putita y que quería ver su leche en mi cara. Joder Jaime. Ahora sí que estaba cachonda. Tanto como para acercar mis labios a la punta de su polla, justo en el momento en que se corría. Me pilló desprevenida, y por eso lo recogí todo en la lengua. Ni siquiera fui consciente de lo que había echo hasta que lo sentí bajando por mi garganta. -Humm, creía recordar que era dulce, y no salado- dije confusa mientras me relamía los labios. -Jajaja- Dani no paraba de reírse, el muy cabrón. Podía haber avisado.- Ahora vuelvo. No te importará que fume ¿no? Es por no perder las buenas costumbres. -No, no... Adelante. Él se marchó y yo me acomodé en la cama, todavía con el gusto de su corrida en la garganta. Caliente, salado... era una sensación extraña. Cuando volvió se sentó a mi lado y se puso a fumar tranquilamente. Yo le miraba, recostada sobre mi cuerpo, y me di cuenta de que a pesar de haberse corrido mantenía una semi-erección. Me reí bien a gusto. Caray con Dani, siempre tiene ganas de más. Empecé a sentirme mimosa y cansada y cerré los ojos. Necesitaba un pequeño descanso. Dani se dio la vuelta y me dijo. -No te me vayas a dormir, ¿eh? -No, tranquilo, dije sin abrir los ojos y suspiré profundamente. Parecía que no acababa nunca de fumar, así que me levanté y empecé a jugar. Le abrazaba desde atrás, le besaba las orejas, los hombros, acariciaba y observaba su espalda como si fuese la primera vez que le veía... Era feliz, después del polvazo que acababa de echar ya me podía morir. Seguía acariciándole, ahora con más ganas, frotando su polla desde atrás, intentando agarrarla con las manos para ponerla dura, y él se dio la vuelta y empezó a comerme las tetas. Pero ahora yo quería jugar y divertirme, y las tapé con mis manos, poniéndole difícil el acceso a ellas. Me miró con cara amenazante, y me dijo. -Aparta las manos. -No quiero. -He dicho que apartes las manos. -NO, respondí medio riéndome. Dani sonrió también, pero empezó con el juego sucio. Se lanzó a por mi cuello, y ya sabes como me excita eso. Mis manos salieron disparadas hacia su nuca y hacia su espalda y así mis tetas quedaron libres para que pudiera comérselas tranquilamente. Parecía que realmente quería comérselas, porque las mordía con ansia, sin darme ni siquiera un mínimo respiro, y yo me excitaba hasta que me daban escalofríos. En apenas unos segundos, mis pezones estaban apuntando a Marte y mi chochete lleno de líquido preparado para lo que fuese. Aún así, y por si acaso, Dani decidió comerme el coño una vez más... Esta vez, yo estaba relativamente relajada y le miraba a los ojos mientras lo hacía. Él me devolvía la mirada sin dejar de sorber todo lo que salía de mi cuerpo, y yo me excitaba con eso. -Que cabrón, lo hace mirándome a los ojos el muy cochino, jeje... No debí decir eso. Se incorporó un poco y me metió dos dedos en el coño, y empezó a moverlos frenéticamente, fuera y a dentro, follándome salvajemente con ellos. Ahora no podía parar de gemir, cogí su otra mano y me llevé los dedos a la boca, para mamárselos, y se los mordía, y los chupaba, y los rasgaba con mis dientes. Además, con la mano que me quedaba libre empecé a frotarme el clítoris al mismo ritmo salvaje que estaban marcando sus dedos dentro de mí. No tardé nada en correrme, esta vez si, gimiendo por favor que parase, que ya tenía suficiente, e intentaba cerrar las piernas para evitar que tuviese acceso a mi vagina, o al menos, limitar el movimiento de sus dedos dentro de ella. Mmmmmm, me excito sólo con recordarlo. Bueno, yo ya había tenido más que suficiente, pero Dani no. (Dios mío, es que no se cansa nunca). Se levantó y cogió el preservativo. -¿Me dejas ponértelo?-pregunté. La verdad es que no quería ponérselo, quería hacerle una paja pero no me dejó hacerlo. -No, que lo rompes. Así que se lo puso el mismo y volvió a ponerse encima de mí. Yo separé un poco las piernas y él preguntó. -¿Cómo lo quieres? ¿Suave o salvaje? -Empieza poquito a poquito, y luego ya veremos ¿Sabes Jaime? No sé por qué se tomó la molestia de preguntar si después siempre hace lo que le sale de los cojones. La introdujo toda de una vez, pero suave, sin golpes ni empujones, fue abriéndose paso dentro de mí poco a poco, de forma fluida. Pero una vez dentro empezó a follarme salvajemente, casi a la misma velocidad que sus dedos... fascinante. Después de un rato así le dije que quería cambiar, que quería probar otra cosa. Pero el siguió a lo suyo, y me vi obligada a incorporarme, a apoyar la mano en su hombro y a empujarle hasta que yo quedé encima de él. -Jejeje....-Dije- Gané. Me miró sin decir nada y yo decidí jugar un poco. Puse morritos de niña pequeña, empecé a pasarme el dedo por el pelo, haciéndome remolinos y le dije con voz de niña mimada. -¿Me enseñas a montar pollas? Ahora si que se reía. Levantó mi pelvis, agarró su polla y dejó que yo me la metiese. Después me pidió que me dejase caer sobre él, y él hizo el trabajo. Me bombeaba fuerte, apretándose contra mi cuerpo, y yo creía morirme, hasta el punto de quedarme quieta agarrándome a la sábana y nada más. Ya me daba igual todo. Pasado un rato se cansó y me hizo desmontar. -Bueno, ya has probado otra cosa, que era lo que querías. Ahora me toca a mí. A cuatro patas. -Ni hablar, le dije yo, asustada, casi con un hilito de voz. -A ver, -dijo con calma.- ¿Quién es el que manda aquí?Ante la amenaza de que volviese a pegarme me di la vuelta, me recosté sobre la cama ofreciéndole mi cuerpo y supliqué. -Por el culo no, por favor... Estaba muy tensa y la posición no era precisamente cómoda, y fue él el que me tranquilizó. -Tendrás que guiarme porque desde aquí no veo. Le miré por encima del hombro, él acercó su polla y empezó a frotarla por mi culo y fue bajando hasta mi rajita. Cuando sentí que estaba en el sitio adecuado le dije. -Ahí, empuja. Dios mío Jaime. Nunca había sentido nada igual. Fue increíble. Estuve a punto de correrme sólo de sentir como entraba hasta el fondo de mi coño, estimulando todas las paredes, rozando el punto "G", el punto "A", el "B",el "C" y todo el puto abecedario, haciéndome gemir de placer, casi me muero allí mismo, después de eso le hubiese dejado darme por el culo y cualquier otra cosa que me hubiese pedido, fue demasiado. Sentir como él empujaba, sus rodillas en mis muslos, sus huevos contra mi culo, sus manos recorriendo mi espalda, agarrándome del pelo. Pero lo mejor fue cuando se dejó caer sobre mi, mientras seguía dándome y me mordía el hombro. Mmmmmmmm, estoy a punto de correrme ahora mismo mientras lo recuerdo y lo escribo. Tuve que parar. Me puse de rodillas, tal y como estaba Dani, me apoyé contra él y tomando una de sus manos lo llevé a mis tetas, después le cogí la otra y la llevé hacia mi rajita para que me masturbara. Además, me aparté el pelo para ofrecerle mi cuello, y giré la cara para verme en el espejo. Dani empezó a hacer lo que le mis manos le habían pedido, pero se quedó parado al ver que yo no reaccionaba. Giró la cabeza y vio como me miraba en el espejo, mientras él recorría mi cuerpo con sus manos. Nos quedamos mirándonos en el espejo, parados. Yo con el pelo alborotado y la piel sonrojada por la excitación y el tomando mi cuerpo con sus manos. -¿Sabes? esta era una de mis fantasías eróticas -le confesé- Yo, el espejo, y tu sobándome mientras nos miramos. Creo que no le hizo nada de gracia. O eso, o quería acabar lo que había empezado antes. Me empujó tan fuerte que casi me golpeé la cara contra el cabezal de la cama, y empezó a meterme su polla por detrás, sin parar, agarrándome de las caderas y apretando con todo su cuerpo. Parecía que se lo estaba pasando bien, mientras que yo no me atrevía ni a moverme. Sin saber muy bien cómo, me la sacó y me dio la vuelta. Estaba fuera de sí, descontrolado, y aunque al principio me dio miedo, por algún motivo aquella muestra de salvajismo hizo que me excitase muchísimo, y de mi raja salía tanto líquido que aunque empezó a follarme como una bestia ni siquiera me dolía. Es más, levanté las piernas y le rodeé con ellas, apretándole contra mi, mientras le decía que no me hiciese daño, que me había portado muy bien, y que dejase de follarme así que me iba a partir el coño y seguro que alguien se daba cuenta. Mis manos recorrían su espalda, y las bajé hasta su culo, jugando con él, apretándolo y arañándolo, pero Dani no estaba dispuesto a jugar más. Quería follarme y punto, se acabó. O al menos eso parecía, porque me agarró de las muñecas, las puso al lado de mi cabeza y siguió metiéndomela como si nada. Aquello parecía una violación. Se quedó quieto, mirándome, y yo no me atrevía a hacer nada. Sólo podía respirar fuertemente, casi jadeante, como las mujeres de la peli porno que acabábamos de ver hacía un rato. Poco a poco, fue aflojando mis muñecas, y volvió al ritmo desenfrenado de antes. Empezamos a besarnos como locos, casi comiéndonos, sus manos agarrándome de los hombros y empujándome hacia abajo cada vez que me la metía, mis manos recorriendo su espalda, mi boca mordiendo su hombro, ahogando los gritos de placer del orgasmo que nos llevaba a los dos. Estábamos como poseídos, follando como bestias, más y más deprisa, hasta que nos corrimos a la vez, mientras él daba sacudidas fuertes y rítmicas para vaciar todo el semen y yo le arañaba la espalda presa de la locura. Intentó levantarse enseguida, pero mis piernas no se lo permitieron. -No... -susurré, y le apreté fuertemente contra mi cuerpo. Quería sentirlo dentro, estar con él, que no se acabara nunca. Al final aflojé un poco las piernas y pudo soltarse. Se retiró con cuidado de no dañar el preservativo y fue al baño a deshacerse de el y a arreglarse un poco. Cuando volvió me levanté, nos vestimos y me llevó a casa. Es como si no hubiese pasado nada...o lo sería si no fuese porque olvidé mi tanga en su casa. Tendré que ir a recogerlo algún día.... Una noche con DaniQuerido Jaime: Estarás contento. Después de las conversaciones que tuvimos y de hacerme ilusiones... me dices que no. Y yo me quedo cachonda, húmeda y con las ganas... Quizás por eso pasó lo que pasó. Me acosté con ÉL... Otra vez. El tema está en que fuimos a celebrar SU cumple al bar que queda enfrente de mi piso, y después todos nos quedamos a dormir allí. Yo me metí en una habitación individual, Carlos y Rafa en la de matrimonio, José y Lulú en la habitación doble, y Dani en otra individual. Y acostada en la cama, a solas, empecé a recordar lo que habíamos tenido Dani y yo, lo que podría haber sido... y lo que nos dijimos tú y yo. Como me ibas a follar, las ganas que tenías de morderme los pezones, de comerte mi coñito... Puede que en parte fuese por lo que había bebido, pero el caso es que pensé... ¿Por qué no? Así que me levanté y fui a buscar a Dani a su habitación, iba por el pasillo pensando qué cojones le iba a decir cuando tropecé con Lulu. Me asusté muchísimo, y estaba a punto de chillar cuando me tapó la boca, cosa que hizo que me asustara aún más. Intentaba apartar su mano, pero él es más fuerte que yo y no hacía más que apretar. De repente se acercó a mi oído y me dijo. - Hey que soy yo... Dejé de resistirme, y suspiré bien hondo para tranquilizarme. No era Lulu, era Dani. Apartó la mano y nos quedamos mirándonos en la oscuridad. - Te echaba de menos- hizo una pausa y siguió hablando- Te va a parecer raro, pero he pensado que podríamos... ya sabes, por los viejos tiempos. Me quedé helada. Vaya, era justo lo que quería, un polvo sin compromisos, pero en ese momento no me pareció buena idea y di media vuelta para marcharme. Él me agarró del brazo y me dijo. -¿Te has enfadado? Perdona, no quería... Me di la vuelta lentamente, y al ver su cara cambié de idea. - No importa, le dije, yo tampoco iba precisamente al baño. Le sonreí y él se quedó quieto, mirándome. Estaba a punto de decirle algo cuando se abalanzó sobre mí, agarrándome del culo y levantándome del suelo, empujándome contra la pared. Empezó a besarme, a morderme el cuello, el hombro, me besaba otra vez. Sus labios viajaban como locos por mi piel, y yo lo único que podía hacer era apretar mis piernas alrededor de su cuerpo y agarrarle de la nuca como una gata en celo. Joder, tenías que haber visto cómo me estaba poniendo aquello. Allí de pie, en medio del pasillo, contra la pared, casi sin tocar el suelo, su polla contra mi coñito caliente, y su lengua jugando con mi cuello... Quería gritar, pero dada la situación, lo único que pude hacer fue acercarme a su oído y entre gemidos y suspiros le susurré: - Fóllame. Y paró en seco. Levantó sus ojos hasta encontrarse con los míos, y se me escapó una sonrisa de puta viciosa que hizo que me metiera la lengua hasta la tráquea, y tal y como estábamos, así, en volandas, me llevó a su habitación. Cerró la puerta de una coz, me dejó caer sobre la cama y se quedó mirándome. Yo llevaba puesta una camisa de tirantes azul a juego con las braguitas tipo pantalón con purpurina... (¿Recuerdas?) - No tienes ni idea de cómo me gustan esas bragas, me dijo, y se echó encima de mi. Podía sentir el peso de su cuerpo sobre el mío, pero me encantaba aquella postura porque sus manos quedaban libres para recorrer mi cuerpo. Dani lo sabía y lo aprovechó. Puso su mano en el muslo y comenzó a subir, despacio, muy despacio, hasta que llegó al coño. Apartó las braguitas y metió dos dedos que pasó lentamente por toda mi rajita, y siguió subiendo hasta que llegó al monte de Venus. Allí empezó a pasar los dedos en todas direcciones, como buscando algo. Me miró sorprendido y yo le devolví la mirada, avergonzada. Puso cara de “NO PUEDE SER” y de un estirón me bajó las bragas hasta las rodillas dejando al descubierto mi coñito depilado. Me incorporé un poco, para explicarle... no sé, no sé que pensaba decirle. Pero él se adelantó. - Pero mira que llegas a ser puta. De otro tirón me quitó las bragas, y luego fue por mi camiseta, que arrancó de un tirón y quedó en el suelo junto a mis braguitas. - Dani... Pero él ya no me atendía. Estaba desnuda, en “su” cama, y él sólo llevaba unos calzoncillos ajustadísimos que marcaban toda su polla, que luchaba desesperada por salir. Al verlo, estiré mi mano hacia sus calzoncillos. Quería bajárselos, jugar con todo aquello que tenía ahí debajo... Pero ya sabes como es, nunca me deja divertirme. Me agarró la mano, me empujó sobre la cama y me separó las piernas. -¿Qué pasa? ¿Quieres jugar? Te voy a dar yo juegos. Y sin ninguna clase de miramiento se lanzó a comerme el coño, pasando la lengua por todos los sitios imaginables, besando el clítoris, mordiendo suavemente los labios, metiendo los dedos en mi coño y follándome con ellos. Los movía hacia fuera y hacia dentro, en círculos, sin dejar de lamer mi rajita, y yo notaba como me chorreaba todo y se me escurría por los muslos. Me estaba poniendo a mil, cada vez respiraba más agitada, gemía, suspiraba, me metía los dedos en la boca para no gritar, y acabé teniendo un orgasmo. Tenía la pelvis en alto, y le suplicaba que parase, pero no paró. Siguió follándome con los dedos y acompañando su cabeza con el movimiento de mi pelvis continuó comiéndome el coño, sin parar, cada vez más rápido, y por más que yo suplicase y gimiese no se detuvo. Y eso me provocó un orgasmo, y otro, y por momentos pensaba que me iba a desmayar allí mismo de placer mientras él seguía comiéndose mi chochito como un poseso, y yo me corría en su cara. Cuando se me pasó un poco, y me dejé caer sobre la cama, él se quitó los calzoncillos y agarrándome de la barbilla me dijo. - Aún no he terminado. - Dani, por favor... Nos van a pillar... ya he tenido bastante por hoy. - Yo no. Y me metió la polla de forma salvaje, empujando con todo su cuerpo, haciéndome gemir de dolor. Había olvidado su polla. No excesivamente grande, pero si muy gorda, aunque lo peor era como la utilizaba. Le gustaba darme duro, ver como botaban mis pezones con su movimiento, morderme el cuello... y yo “inocente de mi” me dejaba. En el fondo, me gustaba sentir su polla en mi coño, llenándolo por completo, notar como se deslizaba hacia fuera y como volvía a cada sacudida que Dani le daba, como sus cojones se apretaban contra mis labios como si también se quisiesen meter, me gustaba oír sus jadeos en el oído, mientras me insultaba y me decía que era una puta, me gustaba notar su aliento sobre mi piel. Y cómo se corría... Sus movimientos se hacían más salvajes, más incontrolados, su respiración cambiaba, se hacia más fuerte... Y en ese momento, él la sacaba, me agarraba la cabeza mientras se ponía de pie y me decía: - Cómetela, puta. Y yo me la metía en la boca, acariciando su glande con mi lengua, deslizando mis labios sobre su piel, haciéndole una paja con una mano mientras que con la otra le magreaba los huevos, y al final se corría... Salía muchísima leche y no me daba tiempo a tragar, por lo que se me caían los chorretones de corrida por la barbilla y llegaban hasta mis pezones, que él lamía y mordía desesperado como si fuesen un manjar, y mientras lo hacía me acariciaba el clítoris, llevándome a otro orgasmo descomunal que le llenaba las manos del líquido que salía de mi coñito caliente. Después de eso los dos nos dejamos caer sobre la cama, exhaustos. Le besé y le dije... - Será mejor que vuelva a mi cama. Y me marché. No entiendo por qué paso, pero hemos repetido la experiencia... Ya te contaré. Atentamente:Lady Anorts September 06 Poesía dedicadaMMMMMMMUAKS!!! un besito a mi "niño" que me ha dedicado una poesía. El niño más duro que conozco.
No bebe agua, mastica el puto hielo, con 2 cojones!!!
Besitos, me gusta mucho, de verdad. Y por eso la pongo ahí, para que la vean todos.
"Erase una vez un dia anormal para nuestra princesa el tranvia se largaba, la gente se apegaba curiosamente a su cuello , los gritos del pub de la noche le kitaron las ganas de bailar. Al llegar a casa sobre la mesita aguardaba un buen libro, una cama calentita, y las buenas noches de su gato, un suave hociqueo contra la manita y el constante ronroneo contra su pecho. En definitiva, el mando de la tele no tenia pilas, el vecino no se dedicaba a molestar con sus "ruidos" nocturnos, y la cama parecia menos estrecha, porke su autoestima era alta y sabia k mañana iba a encontrar un buen principe salido de sus mas intimos sueños.Todos esos pensamientos adormilaron a nuestra pekeña, el gatito se arrecostó con mimo y el manto del sueño envolvió a la bella dama la cual dormia placidamente junto a su gato, su libro en el suelo, y su principe azul...
Dulces sueños tita" Si es que es un SOOOOOOOOOOOOOOOOOOL, te kiero muxísimo, niño.
Besitos: Lady Anorts
|
|
|